Las nuevas prioridades que transforman el rol del CEO en el Perú


Lima, Ago.5,2026.- En un mercado laboral cada vez más dinámico y competitivo, marcado por nuevas expectativas de los colaboradores, el rol del director ejecutivo (CEO) en el Perú está experimentando una transformación. La gestión de la cultura, el clima laboral y el desarrollo de las personas ya no puede entenderse como una responsabilidad exclusiva de las áreas de Recursos Humanos, sino como un desafío estratégico que requiere el involucramiento activo de la alta dirección. Hoy, además de impulsar los resultados del negocio, los CEO deben asumir un papel más cercano en la construcción de entornos donde las personas puedan desarrollarse, sentirse escuchadas y conectar con los objetivos de la organización.
Este cambio ocurre en un contexto de creciente dinamismo del mercado laboral peruano. De acuerdo con el último reporte del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la población ocupada del país se incrementó en 7.5%, lo que representa la incorporación de 413,000 personas al mercado laboral. En este escenario, las empresas enfrentan el reto de sostener sus objetivos de crecimiento y, al mismo tiempo, responder a las nuevas expectativas de sus colaboradores, quienes valoran cada vez más aspectos como la flexibilidad, las oportunidades de desarrollo y una comunicación cercana y transparente.

Para Giancarlo Ameghino, Gerente de Gestión y Desarrollo Humano del Grupo Crosland, este contexto representa una oportunidad para que las organizaciones revisen y fortalezcan sus modelos de liderazgo.

“El liderazgo actual no debe plantear una elección entre ser exigente o ser humano. El verdadero desafío está en elevar los estándares de desempeño y, al mismo tiempo, generar las condiciones para que las personas puedan desarrollarse y alcanzar esos resultados”, señala Ameghino.

Esto, a su vez, contribuye a fortalecer la motivación, el compromiso y la conexión de los colaboradores con los objetivos de la organización. En este sentido, el rol del CEO trasciende la definición de metas y resultados: también implica impulsar una cultura organizacional coherente con la forma en que la empresa busca crecer y relacionarse con sus equipos.

Para traducir este enfoque en acciones concretas, los CEO pueden impulsar estrategias que respondan a las necesidades actuales de los colaboradores y, al mismo tiempo, fortalezcan el desempeño y la sostenibilidad de la organización:

1. Flexibilidad con propósito: Diseñar dinámicas de trabajo que favorezcan el equilibrio entre la vida laboral y personal, mediante medidas como horarios flexibles u otras alternativas que respondan a las necesidades de los equipos. La clave es que estas iniciativas estén acompañadas de objetivos claros y una gestión basada en la confianza y la responsabilidad.

2. Espacios abiertos de co-creación: Generar canales directos para que los colaboradores, independientemente de su área o posición, puedan aportar ideas y proponer mejoras para el negocio. Involucrar a los equipos en la identificación de soluciones fortalece su sentido de pertenencia y los convierte en participantes activos de la evolución de la organización.

3. Acompañamiento a los líderes de equipo: Brindar a jefes y coordinadores herramientas para fortalecer sus habilidades de comunicación. Al mantener un contacto cotidiano con los colaboradores, estos líderes cumplen un papel fundamental en la experiencia diaria de los equipos y en la transmisión de la cultura organizacional.

4. Aprendizaje y desarrollo continuo: Promover capacitaciones y talleres que permitan a los profesionales actualizar sus conocimientos y fortalecer sus capacidades. Además de contribuir al crecimiento individual, estas iniciativas pueden ampliar las oportunidades de movilidad interna y preparar a los colaboradores para asumir nuevos desafíos dentro de la organización.

Finalmente, alinear las metas del negocio con el desarrollo de las personas no solo contribuye a construir organizaciones más atractivas para trabajar. También fortalece la confianza, el compromiso y la capacidad de las empresas para adaptarse a un mercado laboral en constante evolución. En este contexto, un liderazgo cercano, consciente y orientado al desarrollo de las personas se convierte en un factor estratégico para construir organizaciones más sólidas y preparadas para el futuro

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