Nuevas medidas de disciplina escolar: advierten riesgo de confundir neurodivergencia con indisciplina
Lima, Oct.17,2026.- Las nuevas medidas de disciplina escolar presentadas por el Gobierno peruano, que incluyen el regreso de la nota de conducta y sanciones que podrían llegar hasta la expulsión, han abierto un debate sobre cómo mantener el orden en los colegios sin perjudicar a estudiantes que necesitan una atención diferente. La propuesta considera como faltas leves distraerse constantemente, no prestar atención o interrumpir las clases, comportamientos que también pueden presentarse en niños y adolescentes con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o autismo. Ante ello, surge una preocupación: ¿cómo evitar que un estudiante sea sancionado por comportamientos que podrían estar relacionados con su condición?
Renzo Villanueva, psicólogo
clínico y gerente general de Neuro Conecta, explica que establecer reglas y
límites en los colegios es fundamental, pero también lo es comprender por qué
un estudiante se comporta de determinada manera. “No todo niño que se distrae,
interrumpe una clase o tiene dificultades para seguir instrucciones está siendo
indisciplinado. En algunos casos, estas conductas pueden estar relacionadas con
una condición del neurodesarrollo. Por eso, antes de sancionar, es fundamental
comprender qué está ocurriendo y qué tipo de apoyo necesita el estudiante”,
señala.
Si bien las nuevas
disposiciones buscan fortalecer la autoridad de los profesores y prevenir
situaciones de violencia, bullying y acoso escolar, su aplicación también debe
tener en cuenta que no todos los niños aprenden, se concentran o reaccionan de
la misma manera. En el Perú, las leyes sobre educación inclusiva reconocen el
derecho de los estudiantes a recibir el apoyo que necesitan para desarrollarse
en igualdad de oportunidades. Por ello, el desafío para los colegios será
aplicar las normas de convivencia sin dejar de considerar las diferencias y
necesidades de sus alumnos.
Para Villanueva, la inclusión
no debe limitarse a adaptar las clases o los materiales educativos, sino
también a la forma en que los profesores manejan las situaciones de conducta
dentro del aula. Esto requiere que los docentes cuenten con herramientas para
identificar cuándo un estudiante necesita ayuda, conversar con las familias y buscar
orientación especializada cuando sea necesario. El psicólogo aclara que
comprender estas diferencias no significa permitir agresiones ni justificar
comportamientos que afecten a otros compañeros, sino enseñar a respetar las
reglas de una manera adecuada para cada estudiante.
“La inclusión no puede
quedarse únicamente en las adaptaciones curriculares. También debe estar
presente en la forma en que los colegios gestionan la conducta. Necesitamos
docentes preparados para diferenciar una falta disciplinaria de una dificultad
de regulación emocional o conductual, porque aplicar la misma respuesta a todos
los estudiantes no siempre significa actuar con justicia”, sostiene el gerente
general de Neuro Conecta.
Finalmente, el especialista
considera que las nuevas medidas representan una oportunidad para mejorar la
convivencia escolar y fortalecer el trabajo entre profesores, padres de familia
y especialistas. El reto no será únicamente recuperar la disciplina en las
aulas, sino lograr que las reglas se apliquen de manera justa, sin que las
diferencias de aprendizaje o comportamiento se conviertan en motivos de castigo
o exclusión.

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